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La Reforma Agraria Artiguista

El accionar Artiguista en la Provincia Oriental: La aplicación del Reglamento Provisorio durante los años 1815 y 1816, y las trabas que encuentra por parte de los grandes latifundistas y su órgano político de acción el Cabildo de Montevideo.

Los festejos realizados durante el presente año con motivo del Bicentenario del proceso de emancipación Oriental[1] nos invitan a repensar históricamente dicho proceso que desde 1811 hasta1830 ha transitado distintos caminos tanto ideológicos como de acción. Podemos preguntarnos ¿Quién fue José Gervasio Artigas? Y para contestarnos nada mejor que despojarlo de toda la ornamentación patriótica a la que han sometido su figura e indagar al Artigas histórico. El país que hoy es Uruguay lejos está dela Provincia Oriental por la que luchó Artigas y que deseaba se integre a una Liga Federal compuesta también por las actuales provincias argentinas de Misiones, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos.

Entre sus medidas más importantes como Protector de los Pueblos Libres durante los años 1815 y 1816 se encuentra una política de Reforma Agraria que tuvo como escenario la BandaOriental.

El día 10 de Setiembre del año 1815 se aprueba por parte del gobierno de la Provincia Oriental el “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados”; dicho reglamento tenía como objetivo básico lograr mejorar la situación rural dela Banda Oriental.

La medida más polémica que proponía el Reglamento era el hecho de expropiar las tierras de “los emigrados, malos europeos y peores americanos” que poseían por lo general inmensos latifundios. Básicamente se buscaba quitarles la tierra a aquellas personas consideradas enemigas de la causa Artiguista: los peninsulares o los Orientales aporteñados principalmente.

El Reglamento Provisorio se enmarcaba a su vez en las ideas de Artigas y su gente, que contra el Unitarismo Bonaerense, adheríanla Provincia Oriental dentro de una Liga Federal integrada también por las actuales provincias de Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Misiones y Santa Fe.

El hecho es que debido a las expropiaciones de tierra llevadas a cabo por parte del gobierno dela Provincia Orientaldurante los años 1815 y 1816, la clase latifundista recurre a diversas medidas para mantener sus propiedades, apelando a su conciencia de clase.

Ya desde la época de dominio español la situación de los campos demandó la atención de las autoridades. El llamado “arreglo de los campos” llevo a la elaboración de memoriales sobre la situación de la campaña oriental por parte de funcionarios españoles y bonaerenses que analizaron la realidad socio-económica de esta Banda.

La mayor parte de los memoriales se realizaron entre los años 1790 y 1810, los principales problemas a los que respondían eran: el peligro de la indefinición de las fronteras con Portugal; la improducción de algunos latifundios; la destrucción que implicaban las formas de explotación del ganado; y en definitiva el estado de caos al que estaba sumida la campaña oriental. Barran y Nahum en su libro “Bases económicas de la Revolución Artiguista”, sostienen que las problemáticas del campo entre las que se destacaba también el contrabando respondían a los intereses de muchos hacendados que no tenían ninguna intención que se solucionaran. “Resolver la situación de los simples poseedores otorgándoles sin más trámite títulos de propiedad, hubiera implicado un nivelamiento social que los grandes hacendados no estaban dispuestos a aceptar; emprender expediciones punitivas contra los ‘indios , gauderios y demás malhechores’ que al efectuar las faenas clandestinas de cueros generaban un ambiente de violencia  e inseguridad general, requería recursos económicos cuantiosos que la Corona española solo podía encontrar con el decisivo apoyo de los mismos hacendados, pero que estos, sin controlar en forma positiva el empleo de esos dineros, y aun por razones más egoístas, no estaban dispuestos a proporcionar; defender la frontera estaba en el ánimo de todos, pero ¿no significaba ello igualmente atacar los inmensos intereses creados en torno al contrabando?”[2]

Entre los funcionarios del Estado español que pr opusieron ideas para el “arreglo de los campos” encontramos a Antonio Pereira; el Coronel Joaquín de Soria; Félix de Azara; Miguel Lastarría; y el Capitán Jorge Pacheco.

De entre estos personajes se destaca Félix de Azara que en el año 1801 dio a conocer su “Memoria sobre el Estado Rural del Río dela Plata”. Azara se vinculó con José Gervasio Artigas por esos años cuando cumplía este último servicio en el Cuerpo de Blandengues y fue asignado como ayudante de Azara, el mismo Artigas fue el encargado de proceder al deslinde y entrega de los solares en el recién fundado pueblo de Batoví, en la frontera con Portugal.

Seguramente durante esa experiencia las ideas de Félix de Azara llegaron al conocimiento de Artigas e influenciaron su pensamiento con respecto a los planes para el arreglo de los campos. Claro que las ideas de Artigas que posteriormente se plasmaron en su Reglamento Provisorio, tienen la carga de enmarcarse en el contexto de una revolución y que por lo tanto van beneficiar a aquellos que han luchado por la causa. Podemos decir entonces que las ideas de Artigas tienen un tono mucho más social que las de Azara, y mucho más político también porque lo que se busca es castigar a los enemigos dela Revoluciónquitándoles sus tierras.

En su “Memoria sobre el Estado Rural del Río de la Plata” Azara expresa: “Considerando todo lo dicho indicaré el reglamento conveniente, y a mi ver de urgente y absoluta necesidad para remediar todos los males. Se reduce a poner en práctica los puntos siguientes. Primero: dar libertad y tierras a los indios cristianos; pues de continuar la opresión en que viven, se irá a Portugal la mayor parte, como sucede ya. Segundo: reducir a los infieles minuanes y charrúas, ya sea pronta y ejecutivamente si hay tropa, o si esta es poca, adelantar nuestras estancias, cubriéndolas siempre. Tercero: edificar en los terrenos que ocupan los infieles, contenidos entre los ríos Negro e Ibicuí, y entre el Uruguay y la frontera del Brasil, capillas distantes de dieciséis a veinte leguas una de otra, y repartir las tierras en moderadas estancias de balde y con los ganados alzados que hay  allí, a los que quieran establecerse cinco años personalmente, y no a los ausentes, sin precisar a ninguno a que haga casa y habite junto a la capilla, porque esto no se conseguiría siendo imposible a los pobres. Cuarto: precisar, a lo menos, a los cabezas de familia, a que tengan escopeta y municiones, haciéndoles entender que ellos han de costear las composturas, deterioros y pérdidas de cualquier especie, y revistándolas a menudo para castigar a los descuidados y poco instruidos en su manejo. No es regular decir que esto es impracticable, pues lo hacen los portugueses. Quinto: formar del territorio destinado un gobierno separado del de Montevideo, con el sueldo de mil quinientos pesos. Sexto: dar títulos de propiedad de las tierras que tuviesen pobladas a los que no los tienen, y son los más desde el Río Negro a Montevideo, quitándoles las que no tengan bien pobladas para darlas a otros, siempre con la condición de vivir cinco años en ellas y tener armas listas. Séptimo: Anular las compras que se hubiesen hecho fraudulentas, las de enormes extensiones y las que no se hubiesen poblado a tiempo, repartiéndolas a pobres. Octavo: admitir en todas partes a los portugueses que vengan voluntariamente. Noveno: precisar a los pobladores desde el Río Negro a Montevideo a que edifiquen en cada dieciséis o veinte leguas, una iglesia por el estilo de Batovi,  y a que pongan un maestro de escuela, en recompensa de darles el título de propiedad que no tiene. Yo he tanteado a varios, y he visto que condescenderían con gusto. Décimo: señalar linderos fijos en todos, demarcándolos algún facultativo para evitar los pleitos que apestarían el país. Undécimo: establecer dos ferias anuales hacia las fronteras del Brasil, y establecer fiestas en las capillas, prohibiendo usen los campestres las indecentes  botas que hoy hacen sacando entero el cuero de las piernas de las vacas y yeguas, matando para esto treinta mil reses anuales y perdiéndose su procreo y el cuero. Duodécimo: exterminar los perros cimarrones”[3]

De las resoluciones de Azara podemos extraer las principales problemáticas de la cuestión rural dela Banda Orientaly las vinculaciones que dichas medidas tienen con el Reglamento Provisorio. Azara destaca el papel que la evangelización de la población tiene en el orden de la campaña, también menciona a los hacendados ausentistas y los perjuicios que ocasiona al país la explotación que hacen de sus tierras y su ganado. También propone que  las propias gentes de las fronteras se armen y se defiendan ellas mismas del invasor portugués hostil.

Con respecto al “arreglo de los campos” propio dela Provincia Oriental, éste se promulga el 10 de Setiembre de 1815 en el Cuartel General de Purificación por parte de Artigas tras un largo intercambio de ideas del que participaron el Alcalde Provincial Don Juan de León, el Comandante de Armas Fructuoso Rivera y una junta de hacendados integrada por trece estancieros, once de los más poderosos terratenientes dela Provincia: Zenón García de Zúñiga, Juan José Duran, José Félix de Zubillaga, Manuel y León Pérez, Pablo Perafán dela Rivera, Francisco Joaquín Muñoz, Julián de Gregorio Espinosa, Pedro Casavale, José Betolaza, Miguel Glassi y José Agustín Sierra.

El Reglamento tiene como órgano eje para su ejecución al Cabildo quien debe instituir un Alcalde Provincial que es quien concede los campos y distribuye terrenos. Este Alcalde tendrá bajo su mando a tres subtenientes de provincia cada uno con una jurisdicción correspondiente para su acción. A su vez los subtenientes pueden instituir jueces pedáneos en sus respectivas jurisdicciones.

Serian otorgadas suertes de estancias de legua y media por dos de fondo, teniendo en cuenta que cada terreno donado debía contener aguadas. Junto con la tierra se entregaba también ganado y una marca propia en caso de que el propietario no tuviera ya marca registrada a su nombre. Se buscaba fomentar con brazos útiles la campaña y a la hora de optar por beneficiarios de suertes de estancia se debía tener en cuenta que los más infelices serían los más privilegiados, por lo tanto tenían preferencias los negros libres, los zambos, indios y criollos pobres, las viudas en el caso que tuvieran hijos, y los americanos casados antes que los solteros y estos antes que cualquier extranjero.

Los agraciados tenían la obligación de cumplir con una serie de tareas que de no ser realizadas llevarían a que se le quite lo donado para entregárselo a otro vecino más laborioso. Se debía levantar un rancho y dos corrales en el término de dos meses que podían ser extendidos a tres. Los terrenos a repartirse serían los de “emigrados, malos europeos y peores americanos”, y los otorgados por el gobierno dela Banda Oriental desde el 1810 al 1815, en el caso de que los últimos fueran criollos se les donaría una suerte de estancia como lo estipulaba el Reglamento. Si los españoles a quienes se les expropiaba la tierra tenían hijos, dependiendo del número, se les concedería lo suficiente para su mantención y lo demás sería repartido. También se prohíbe la exportación del ganado hacia el Brasil y la matanza de hembras hasta que se mejoren las condiciones del ganado en la provincia tan maltratada por las guerras y matanzas indiscriminadas.

Se debían expedir papeletas para los peones para el control por parte de la policía de campaña. Se pretende a su vez hacer frente a la inseguridad de la campaña aprehendiendo a los “vagos”, desertores o aquellos hombres que hayan cometido algún delito, remitiéndolos al Cuartel general de Purificación o reclutándolos para el servicio de las armas. Se debía crear para esto una fuerza represiva puesta a las órdenes del Alcalde Provincial.

Las distribuciones de tierras siguiendo el Reglamento Provisorio se efectúan desde Noviembre de1815 aSetiembre de 1816.

Entre los objetivos del Reglamento se destaca el deseo de beneficiar a aquellos participantes dela Revolucióny en contraste perjudicar a los enemigos o sea a los terratenientes españoles y criollos contrarrevolucionarios. El beneficio del pobrerío rural devenido ahora en propietario llevaría a la creación de una clase media rural comprometida con la causa Artiguista. Se buscaba también brindar seguridad a los hacendados mediante la creación de una fuerza de represión y la sedentarización del gaucho. Todo esto llevado a buen cauce provocaría el fomento de la producción ganadera y más tarde al solucionarse el tema pecuario, la puesta en práctica de medidas que tienen que ver con la producción agraria del país.

Como hemos observado, muchos fueron los latifundistas que apoyaron a Artigas contra el enemigo porteño, español y el portugués; pero a la hora de poner en práctica el Reglamento Provisorio que estipulaba se donen tierras al pobrerío en detrimento de las clases privilegiadas, por más que estaban eximidos los orientales del bando artiguista, se genera cierto malestar que impulsa a los grandes propietarios a solidarizarse entre ellos por temor  a ver perjudicados también sus intereses.

En este sentido el Cabildo de Montevideo será el organismo político que propenderá a defender los intereses de dicha clase de grandes propietarios. “Marcado por las defraudaciones de la Contribución extraordinaria, por las exacciones en los abastos al ejército, por el desorden en la hacienda, culpable de protección a los españoles enemigos, padrino de todos los grandes hacendados que buscaban eximirse de la confiscación, traficante con tierras de enemigos (Albín, Porcel de Peralta, Aparicio) que pasaron a engrosar la cartera de Pablo Pérez y Antolín Reyna, el Cabildo montevideano se hallaba dispuesto a embarazar todas las providencias que intentaran higienizar la hacienda pública o que buscasen democratizar el acceso a la tierra. Parecía imposible que aún se pudiese confiar en ellos y sin embargo Artigas había articulado el Reglamento de modo que el Colegio fuese la alzada de todas sus providencias, pero reservándose, claro está, la decisión final para curar sus arbitrariedades. Y Artigas, acosado cada vez por mayor número de enemigos no deseaba romper con todos al mismo tiempo aun cuando nada esperase de bueno de tantos de aquellos precarios aliados”[4]

Como ejemplo podemos citar el hecho de que a casi dos meses de aprobado el Reglamento Provisorio, el Cabildo no había aun asignado comisionados y jurisdicciones, es decir, el escalón principal para el buen cumplimiento de las disposiciones del Reglamento no se había realizado.

“El propio Cabildo había encendido las pasiones y los conflictos a lo largo de la campaña. Su política de trabar la creación de los órganos previstos en el Reglamento, entroncada con su protección desembozada a los bienes de emigrados y enemigos, lo había llevado a un cuasi rompimiento con Artigas y a un total desprestigio entre las masas de paisanos, que en muchos lugares (Colonia, Soriano, Minas, Durazno) desobedecían lisa y llanamente sus intentos de despojarlos de los campos donde se habían asentado a la espera de los comisionados”[5].

El Cabildo de Montevideo al ver que tan hondo calan en el espíritu de las clases bajas las reivindicaciones que sobre ellas realiza el Reglamento, comienza a actuar casi instintivamente a favor de aquellos terratenientes perjudicados por las expropiaciones de tierras.

¿Podemos hablar entonces de conciencia de clase? Sí, si tenemos en cuenta el impacto que produce en los terratenientes el poder de propiedad que comienzan a tener las clases bajas a cuesta de las tierras que pertenecían a sus iguales. Prevalecen en este caso los lazos que se elaboran a partir de los vínculos económicos y de pertenencia a una determinada clase social. Los grandes hacendados apoyaron a Artigas en tanto y en cuanto se correspondía con sus intereses el desplazamiento del puerto de Buenos Aires a favor de los de Montevideo, Maldonado y Colonia; y la unión con las Provincias dela Liga Federal; cuando las medidas tomadas por el Protector de los Pueblo Libres comenzaron a herir sus intereses, éstos no vacilaron en unirse al enemigo Portugués.

“(…) en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”[6].

El concepto de conciencia de clase es desarrollado por Carlos Marx y posteriormente por los teóricos marxistas, quienes se basan sobre todo en la conciencia de clase de los proletarios y  en general de todas las clases bajas oprimidas. A través de la conciencia de clase es que los sectores sobre los que pesa la explotación económica logran tomar conocimiento de su lugar en las relaciones sociales de producción. En el “Manifiesto del Partido Comunista” Marx sostiene que es en la lucha contra la burguesía que los proletarios se constituyen como clase.

El concepto de conciencia de clase es algo ambiguo y depende en muchos casos de las interpretaciones que se hagan a las teorías de Carlos Marx y los distintos contextos de su aplicación. En este caso nos atreveremos a hablar de conciencia de clase de los sectores dominantes en el celo por proteger sus intereses.

Como ejemplo de las acciones tendientes a evitar las expropiaciones tenemos el  caso de Francisco Xavier Echenique, quien dono sus tierras  y posesiones a Nicolás Gadea el 13 de Noviembre de 1815. Conocemos el caso en profundidad ya que luego de la donación se da un pleito entre el primero y los herederos del segundo. Dicho expediente se encuentra en el Archivo General de la Nación, Juzgado Letrado Nacional de Hacienda y de lo Contencioso Administrativo, 1er Turno, Legajo N° 12  caratulado con el N° 198. En el mismo Francisco Xavier Echenique admite haber realizado la donación a Nicolás Gadea porque de lo contrario se habría visto privado de sus pertenecias, “La revolución que empezó en esta Provincia en el año de 811, por uno de aquellos efectos naturales, y casi pudiera decirse necesarios a la naturaleza de todas, dirigió su seño acia aquellos que como yo, aunque antiguos y buenos vecinos del pays, trahiamos nuestro origen de la península española, con cuyas autoridades, e influjo se ensayaba la guerra de la revolución, y por uno de aquellos cálculos errados sobre los intereses verdaderos del pays, o por efecto natural en tales casos, de la exaltación de las pasiones, muchos vieron confiscados sus bienes y otros tuvieron que de ellos precaverse artificialmente. Yo fui uno de estos. Hacendado rico en aquella ocasión observaba acercarse el momento de verme despojado de las estancias, que llevo nominadas en las que encerraba más de 20000 cabezas de ganado, y de ser sumido en la triste miseria de que en vano he procurado librarme. Para asegurar estas estancias, que, envebían un capital crecido y muchas fatigas y sudores míos considere oportuno encargar su administración a Dn. Nicolas Gadea, natural de esta provincia, que tuvo el talento de inspirarme de sus honrados sentimientos, la mejor idea. Aceptola y reservolas de la confiscación y del pillaje, hasta que en el año de 815 me descubrió, que, a solo el título de administrador no podía llevar más adelante la defensa de mis propiedades, y que por tanto era forzoso para este propósito, revestirle con el simulado de dominio”[7].

En efecto las propiedades de Echenique eran extensas y cuantiosas, poseía dos estancias que sumaban 34 leguas cuadradas; podemos entrever que la administración de las bienes del peninsular por parte de Gadea ya se da antes del Reglamento, es decir conla Revoluciónde 1811, y es que durante los enfrentamientos enla Banda Orientalse producen saqueos en las estancias por parte tanto del bando artiguista como de los antiartiguistas (portugueses, porteños, españoles). Evidentemente a Echenique le brindaba una mayor tranquilidad que sus propiedades se encuentren bajo la protección de Gadea que era no solo Oriental y del bando artiguista, sino también pariente del propio Jefe de los Orientales. Podemos ver la facilidad con la que se realizó esta donación simulada la cual no fue para nada apresurada sino debidamente premeditada. En el expediente también se encuentran testimonios de testigos a los cuales el juez interroga sobre si tienen conocimiento de más donaciones de esta naturaleza; y estos responden que sí que han oído que muchos Orientales resguardaron las propiedades de los extranjeros pero que la única de la que tienen certeza es la de Echenique.

Ya en 1820  con Artigas en el Paraguay y su gobierno desarticulado se da una nueva donación o la renovación de lo ya estipulado por las dos partes. Y es que Gadea sin ánimo de devolver a Echenique sus propiedades le habría asegurado que Artigas se estaba preparando para regresar ala Provinciacon una enorme tropa de indios y paraguayos, lo que por cierto estaba muy alejado de la realidad.

El conflicto se resuelve a favor de Echenique el 25 de Enero de 1830.

Evidentemente en el caso de Gadea y Echenique no es simplemente la solidaridad del primero lo que lo mueve a recibir las donaciones del segundo, sino su propio interés puro en hacerse de las propiedades del primero. Es importante el caso a su vez, porque nos ilustra de la realidad de la difícil implementación de una reforma agraria en el seno de una sociedad de experiencia latifundista y pasado feudal como es la española colonial. Vemos el peso que tiene el instinto de supervivencia de la clase latifundista y la red inmensa de intereses que se ponen en juego cuando de grandes proyectos socio-económicos se habla. El Reglamento Provisorio cayó por su propio peso, por la traición de quienes en algún momento la habían apoyado, y por la inacción de las masas populares cuyo espíritu de emancipación no se había aun terminado de forjar en una sociedad que estaba dando sus primeros pasos como independiente.

 

Bibliografía

  • Barran, José Pedro; Nahúm, Benjamín: “Bases económicas dela Revolución Artiguista”; Ediciones dela Banda Oriental; Montevideo  2000
  • Marx, Carlos: “Prólogo ala Contribuciónala Críticaala Economía Política”; 1859
  • Real de Azúa, Carlos: “El Patriciado Uruguayo”: Ediciones dela BandaOriental; Montevideo
  • Reyes Abadie, Washington:  Historia Uruguaya Tomo 2 “Artigas y el federalismo en el Río dela Plata” (Primera Parte); Ediciones dela BandaOriental; Montevideo 2006
  • Reyes Abadie, Washington:  Historia Uruguaya Tomo 2 “Artigas y el federalismo en el Río dela Plata” (Segunda Parte); Ediciones dela BandaOriental; Montevideo 2006
  • Sala, Lucia; dela Torre, Nelson; Rodríguez, Julio C.: “La Revolución AgrariaArtiguista”; Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1969
  • Sala, Lucia; dela Torre, Nelson; Rodríguez, Julio: “Evolución Económica dela BandaOriental”; Ediciones Pueblo Unidos; Montevideo 1967
  • Ubaldo Genta, Edgardo: “Historia de Artigas y Filosofía del Artiguismo”; sin más datos

Otras fuentes utilizadas

http://www.bicentenario.gub.uy/bicentenario-uruguay/ley/


[1] Ley del Bicentenario Nº 18.677

Año de celebración del bicentenario del proceso de emancipación oriental Se declara el año 2011 El Senado yla Cámarade Representantes dela República Orientaldel Uruguay, reunidos en Asamblea General, Decretan: Artículo 1º.- Declárase el año 2011 como año de “Celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental”, en el marco de la lucha de los pueblos americanos por su autodeterminación e independencia, reconociendo la participación central de la figura de José Artigas en la misma

[2] Barran, José Pedro; Nahúm, Benjamín: “Bases económicas dela Revolución Artiguista”; Ediciones dela Banda Oriental; Montevideo; 2000; Págs. 96 y 97

[3] Campal, Esteban: “Azara y su legado al Uruguay”; Ediciones dela Banda Oriental; Montevideo; 1969; Págs. 180, 181 y 182

[4] Sala, Lucia; dela Torre, Nelson; Rodríguez, Julio C.: “La Revolución Agraria Artiguista”; Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1969; Pág. 133

[5] Obs. Cit: Pág. 137

[6] Marx, Carlos: “Prólogo ala Contribución ala Crítica ala Economía Política”; 1859

[7] Barran, José Pedro; Nahúm, Benjamín: “Bases económicas dela Revolución Artiguista”; Ediciones dela Banda Oriental; Montevideo; 2000; Pág. 142

En nuestro país en la década del ´60 renacieron las ideas de Reforma Agraria, la siguiente canción ilustra esa época:

“A desalambrar” Daniel Viglietti

http://www.youtube.com/watch?v=u2SKr2nNusk

Laura

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